La sabiduría comienza por honrar al Señor

La sabiduría comienza por honrar al Señor


“Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma”.

Deuteronomio 10:12


Pocas personas se detienen a pensar en la importancia que tienen las ideas y los pensamientos. Sabemos que nuestros sentimientos, las personas que nos rodean y nuestras acciones están determinadas por la naturaleza de nuestros pensamientos. Con mucha razón, Salomón, rey de Jerusalén, dijo:

“Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él”.

Proverbios 23:7


Como dijo un escritor: “la llave que abre al hombre todas las puertas del mundo es el pensamiento”. Pero para que el pensamiento produzca una función saludable en nuestras vidas, debemos limitarnos a pensar. Como el apóstol Pablo dijo:

“Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”.

Filipenses 4:8


Hay personas que por nada del mundo harían el esfuerzo de pensar o de luchar contra cualquier tendencia liviana de la mente. Es más fácil dejarse llevar por cualquier corriente de ideas que no exija esfuerzo. Cómo son aplicables en este sentido las palabras que se hallan escritas a la entrada de la biblioteca privada de Andrés Carnegie: “El que no puede pensar, es un intolerante lleno de perjuicios; el que no se atreve a pensar, es un esclavo”. No temamos pensar, pero pensar lo bueno. El siguiente pasaje bíblico se refiere a la actitud que resulta del verdadero conocimiento de Dios y de la relación del hombre con Él.

“El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza”.

Proverbios 1:7


Lo primero que hay que hacer para empezar a ser sabios, es honrar al Señor. Solo los necios desprecian la sabiduría y la disciplina. La persona que teme a Dios recibe humildemente su revelación, tanto las amonestaciones como las promesas, y le obedece. El temor del Señor no es miedo a Él, sino una manera de vivir y también incluye el amor al prójimo. El temor al Señor no es algo con el que uno comienza y luego lo deja. El temor es una cualidad básica en la persona que adora y sirve al Señor apropiadamente, que reconoce quién es Dios y que vive conforme a la luz del tal conocimiento.

“Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos. Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos. Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; porque para probaros vino Dios, y para que su temor esté delante de vosotros, para que no pequéis”.

Éxodo 20:18-20


Para ser sabios primero hay que ser temerosos al Señor. La sabiduría es la puesta en práctica del conocimiento. Alguien sabio es aquel que práctica lo que sabe. Por eso tiene el favor del cielo, porque primeramente es un hombre temeroso, que es sujeto y respetuoso delante del Señor. Porque sabemos que:

“No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo”.

Juan 3:27


Es decir, no hay sabiduría sin que primero exista un temor al Señor. El cual es comunicado por la Palabra de Dios:

“Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas; y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios, para guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra”.

Deuteronomio 17:18-19


El temor al Señor se caracteriza por la obediencia a sus instrucciones:

“He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia”.

Job 28:28

“No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único”.

Génesis 22:12

“¿Quién es el hombre que teme a Jehová? Él le enseñará el camino que ha de escoger”.

Salmos 25:12


En la misma relación, el profeta Isaías declaró:

“A Jehová de los ejércitos, a él santificad; sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo. ¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová, y oye la voz de su siervo? El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios”.

Isaías 8:13; 50:10


El apóstol Pedro escribió:

“Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey”.

1 Pedro 2:17


El profeta Samuel exclamó:

“Si temiereis a Jehová y le sirviereis, y oyereis su voz, y no fuereis rebeldes a la palabra de Jehová, y si tanto vosotros como el rey que reina sobre vosotros servís a Jehová vuestro Dios, haréis bien”.

1 Samuel 12:14


Observe que el temor al Señor va ligado al conocimiento de Él y se manifiesta en obediencia a sus mandamientos, así como en humildad ante su soberanía. El rey David dijo:

“Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos”.

1 Crónicas 29:11


Esto resulta en la bendición de Dios sobre el hombre temeroso de Él, ya que, como consecuencia de ese temor, el hijo de Dios se aparta del orgullo, la maldad y del mal camino y tiene apertura a la sabiduría de Dios y a las instrucciones de su Palabra.

“El temor de Jehová es aborrecer el mal; la soberbia y la arrogancia, el mal camino y la boca perversa, aborrezco”.

Proverbios 8:13

“Da al sabio, y será más sabio; enseña al justo, y aumentará su saber. El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia”.

Proverbios 9:9-10

“El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos; su loor permanece para siempre”.

Salmos 111:10

“Entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios”.

Proverbios 2:5


Estemos conscientes de que Dios conoce perfectamente todo lo que sentimos, pensamos, decimos y hacemos, y que Él tiene la autoridad para recomenzarnos o disciplinarnos de acuerdo a nuestro comportamiento. Esto nos debe estimular a tener cuidado y control de nuestros sentimientos y pensamientos, así como de nuestro hablar y conducta, para así apartarnos de todo aquello que le es desagradable, y la misericordia de Dios es de generación en generación a los que le temen.

“Aunque el pecador haga mal cien veces, y prolongue sus días, con todo yo también sé que les irá bien a los que a Dios temen, los que temen ante su presencia; y que no le irá bien al impío, ni le serán prolongados los días, que son como sombra; por cuanto no teme delante de la presencia de Dios”.

Eclesiastés 8:12-13


Después de describir la buena fortuna de los justos y el fracaso de los malvados, la pregunta clásica que se formula contra esta tesis: Entonces, ¿por qué prosperan los malvados? Para esto el Salmista responde que el éxito de los malvados es efímero, su perdición es inminente, pues Dios mismo los desprecia desde arriba. En cuanto al no creyente, se refiere al miedo que debe tener por no reconocer a Dios, aquel que es culpable y que recibirá la ira, o caerá horrenda y terriblemente en manos del Dios vivo.

“¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas? Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas.

El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos. Luego hablará a ellos en su furor, y los turbará con su ira. Pero yo he puesto mi rey sobre Sion, mi santo monte.
Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra. Los quebrantarás con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás.

Ahora, pues, oh reyes, sed prudentes; admitid amonestación, jueces de la tierra. Servid a Jehová con temor, y alegraos con temblor. Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino; pues se inflama de pronto su ira. Bienaventurados todos los que en él confían”.

Salmo 2. El reino del ungido de Jehová


Asimismo, el temor al Señor se expresa de diversas formas:

Es limpio (Salmos 19:9),
Lleno de dicha (Salmos 128:1),
Tiene promesa de larga vida (Proverbios 10:27),
Genera integridad y confianza (Proverbios 14:2,26),
Instruye en la vida cotidiana (Proverbios 15:33),
Aparta del mal (Proverbios 16:6),
Atrae la prosperidad y la honra (Proverbios 22:4; 31:30),
El Señor lo escucha (Juan 9:31),
Exhorta a la limpieza de toda inmundicia espiritual y carnal para conducir a la santidad (2 Corintios 7:1),
y a cuidar y crecer en la obra de nuestra propia salvación (Filipenses 2:12).


El temor al Señor puede ser producto del reconocimiento voluntario al conocerlo, o bien puede ser infundido por Él mismo para sus propósitos:

“Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí”.

Génesis 3:10

“Y el hombre que procediere con soberbia, no obedeciendo al sacerdote que está para ministrar allí delante de Jehová tu Dios, o al juez, el tal morirá; y quitarás el mal de en medio de Israel. Y todo el pueblo oirá, y temerá, y no se ensoberbecerá”.

Deuteronomio 17:12-13

“Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a este temed”.

Lucas 12:4-5


El sabio Salomón añadió que el fin de todo discurso oído es temer al Señor y guardar sus mandamientos, porque eso es el todo del hombre. Así que todo se encierra en el temor y ese temor nos lleva a obedecer. A mayor obediencia, mayor sabiduría, mejores decisiones y más apego al Señor.

“¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres!”.

Salmos 31:19


Es indispensable entender lo que la Palabra nos dice respecto al temor de Dios en este contexto para que haya fruto en nuestra vida. Recordar que el pasado no es para lamentarnos o anhelar vivir nuestra vida antigua, es para dar gracias al Señor por todo lo que ha hecho en nosotros, de donde nos sacó, hasta donde nos ha traído y hacia donde nos llevará. Lo que somos, a Dios se lo debemos.

“Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación”.

1 Pedro 1:17-19


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