De la esencia de Dios (El Espíritu de Dios)

De la esencia de Dios (El Espíritu de Dios)


Espíritu es mente o mentalidad:

“Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios”.

1 Corintios 2:11


El espíritu del humano es su mente:

“…Jehová…forma el espíritu del hombre dentro de él”.

Zacarías 12:1


Por lo tanto, el Espíritu de Dios es la mente de Dios. Al decir la mente de Dios implica capacidad de pensar, razonar, crear, organizar, modificar o adecuar, conciencia de darnos cuenta de que somos o existimos, inteligencia, fuerza para crear y cualquier cosa semejante que emerge de la mente, como lo demuestran las citas siguientes:

“Su espíritu adornó los cielos; Su mano creó la serpiente tortuosa”.

Job 23:13

“El espíritu de Dios me hizo, Y el soplo del Omnipotente me dio vida”.

Job 33:4

“¿Quién puso la sabiduría en el corazón? ¿O quién dio al espíritu inteligencia?”.

Job 38:36


La mente del humano es una réplica de la mente de Dios:

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…”.

Génesis 1:26


La mente humana tiene límites, pero la mente de Dios no tiene límites, y es mucho más, pero mucho más poderosa que la mente humana, dice 1 Corintios 2.11 que nadie conoce las cosas de Dios sino su espíritu.

¿Qué es el Espíritu de Dios?


La mente de Dios, su ser, lo que Él es:

“Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios”.

1 Corintios 2:10


¿Quién conoce lo profundo de Dios? Solamente su mente: su Espíritu, el Espíritu de Dios como está en Él, entonces es parte de su esencia, de su ser, es el que sabe aun lo profundo de Él, porque su Espíritu es su mente, así como el espíritu del humano es su mente:

“Renovaos en el espíritu de vuestra mente”.

Efesios 4:23


Por esta razón, cuando dice el Señor Jesús en Marcos 3:29:

“Pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno”.


Porque hablar en contra del Espíritu de Dios es hablar de su persona o de su ser (esto es rebeldía directa), esto mismo se refiere en 1 Samuel 2:25:

“Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él?”.


Todo lo que sabe el Padre sabe el Hijo


Excepto su regreso porque el Padre lo puso sólo en su potestad:

“Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad”.

Hechos 1:7


Lo que piensa el Padre piensa el Hijo, lo que quiere el Padre quiere el Hijo, como dice Juan:

“Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente”.

Juan 5:19


Tienen una misma mentalidad, un mismo espíritu, por eso cuando le preguntan a Jesús muéstranos al Padre responde en Juan 14:9:

“Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al padre; ¿cómo, pues, dices tú: ¿Muéstranos el Padre?”.


Aunque el Padre y el Hijo son seres independientes, son uno sólo en propósito, en mentalidad, en acción, en sus planes, etc.

“La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno”.

Juan 17:22


La mente del Padre (como Dios) y la mente del Hijo (como Dios) tienen la capacidad de saber lo que uno y otro piensa, de tal manera que están sincronizados por eso el Espíritu de Cristo es el mismo que el Espíritu del Padre:

“Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido”.

1 Corintios 2:12


Hemos recibido el Espíritu de Dios el Padre:

“Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí”.

Juan 15:26

“Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”.

1 Corintios 2:16


Tenemos la mente de Cristo, es decir el Espíritu de Cristo como también dice en Romanos 8:9:

“Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de cristo, no es de él”.


Entendemos que el espíritu del Padre y del Hijo es el mismo.

¿Cómo es que el espíritu de Dios actúa en el humano?


Es decir, cómo es que la mentalidad de Dios actúa en el humano, conforme al propósito que Dios tiene para cada uno de sus hijos. Veamos cómo se da esto. Dios es soberano y Él ha actuado en la vida del humano de dos maneras:

a) De manera directa (hablando con Él – Deuteronomio 1:6) y
b) a través de su espíritu (1 Samuel 19:23).


Cuando hablamos del Espíritu de Dios en el humano, hablamos de cuando Dios pone de su espíritu en el humano y ¿cómo pone Dios de su espíritu en el humano?, podemos decir que Dios envía desde donde Él está (no viene en persona, es suficiente con que Él quiera) su influencia en el humano.

“He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros…hasta que seáis investidos de poder desde lo alto”.

Lucas 24:49


Por lo tanto, el humano recibe una influencia externa al ser investidos; es decir cubiertos de un poder o capacidad que viene de Dios, y que se posesiona en el interior del humano:

“…y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”.

Efesios 1:13


Como un sello que queda marcado en el humano porque Dios ha derramado o untado sobre sus hijos de su Espíritu:

“…derramaré de mi Espíritu sobre toda carne”; y que al poseerlo le da capacidades según la voluntad de Dios.

Hechos 2:17


Cuando hablamos de influencia estamos hablando de capacidad, que es poder para hacer algo:

“Entonces el Espíritu de Jehová vendrá sobre ti con poder, y profetizarás con ellos, y serás mudado en otro hombre”.

1 Samuel 10:6


Dios pone sobre nuestra conciencia (nuestra mente) su Espíritu (la influencia mental de Dios).

“Y este será mi pacto con ellos, dijo Jehová: El espíritu mío que está sobre ti, y mis palabras que puse en tu boca, no faltarán de tu boca…”.

Isaías 29:21


Por esta razón, el Espíritu de Dios (las cosas que son de Dios y que están en nuestro ser y en nuestra mente) da testimonio a nuestra mente (nuestra conciencia) de que somos sus hijos.

“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”.

Romanos 8:16

“Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo”.

Romanos 9:1


El Espíritu de Dios es la influencia de Dios o impulso (fuerza) que viene de Dios en el humano, donde Dios utiliza al humano para realizar su obra.

“Ciertamente espíritu hay en el hombre, Y el soplo del Omnipotente le hace que entienda”.

Job 32:8

“Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto”.

Lucas 4:1


Es el poder de Dios sobre el humano para que realice una obra conforme a la voluntad de Dios:

“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”.

Hechos 1:8


Este poder de Dios, se puede manifestar en los hijos de Dios en inteligencia y sabiduría como lo fue en Salomón, en fuerza como lo experimentó Sansón, en recordar las enseñanzas del Señor o dirigir en su obra como sucedió con sus apóstoles, y en muchas otras manifestaciones maravillosas.


El Espíritu Santo viene de la misma esencia de Dios, porque procede de Él. Dios da de su Espíritu a sus hijos, para sellarlos y reconocer que son suyos. Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios, porque también tiene el Espíritu de Cristo.

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