Dejar un Legado

Dejar un Legado

Se dice que las personas más destacadas en la vida son recordadas durante unos cien años, al resto, se les olvida pronto. El recuerdo de las generaciones pasadas, así como nuestros epitafios, desaparecen casi de inmediato. Sin embargo, nuestro legado como familia de Dios continúa ¿Cómo se da esto? En la forma de amar y servir al Señor, es como perdura y nos da una posición especial.

… fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre. Y serán para mí especial tesoro, ha dicho el Jehová de los ejércitos…

Malaquías 3:16-17


Nos referimos a un legado cuando se deja en testamento bienes materiales o a las virtudes representativas de una persona las cuales se heredan. Como el caso de Abraham quien heredó a su descendencia la posesión de la tierra, pero también hablando de virtudes, la enseñanza de guardar el camino de Jehová.

En gratitud de haber recibido la enseñanza de salvación y la opción de alcanzar vida eterna, ahora nos corresponde dar continuidad a esta bendición en nuestros hijos y en todos aquellos que al escuchar su palabra y mezclen fe, así lo deseen.

Mientras las multitudes se reunieron alrededor de Jesús cerca del lugar en donde Juan había enseñado, recordaron la vida y las palabras del bautista:

Reconocían que Juan no hizo ninguna señal, sin embargo, todo lo que Juan dijo de éste (de Jesús) era verdad.

Juan 10:41


Juan el Bautista había muerto al menos dos años atrás, y el recuerdo de su ministerio de momento se había empezado a desvanecer, y más aún, por tener al frente a un sucesor a quien Él mismo identificó como el cordero de Dios que quita el pecado del mundo y le bautizó, a saber, nuestro señor Jesucristo. Al llegar al otro lado del Jordán, precisamente en donde bautizaba, muchos acudieron a Jesús y vino a su memoria de ellos, el momento cuando Juan pronunció estas palabras:

Respondió Juan, diciendo a todos: Yo, a la verdad, os bautizo en agua; más viene quien es más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de sus zapatos: él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

Lucas 3:16


Esto significa que lo tenían presente en su enseñanza. Más tarde fue referente por el escritor del libro de los Hechos de los apóstoles:

Porque Juan a la verdad bautizó con agua, más vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo no muchos días después de estos.

Hechos 1:5


Y por último por el apóstol Pedro, quien en un evento glorioso de recepción del Espíritu, mencionó:

Entonces me acordé del dicho del Señor, como dijo: Juan ciertamente bautizó en agua; más vosotros seréis bautizados en Espíritu Santo.

Hechos 11:16


Si bien es cierto no se habla mucho de Juan el bautista, lo resaltamos como el vínculo para la transición del antiguo pacto al nuevo, dando entrada (preparación) a la predicación del evangelio por Jesucristo, lo cual había sido anunciado proféticamente. Sin duda, su obra y practica permaneció presente en los inicios de la iglesia.

Al igual que Juan, nosotros no tenemos que hacer milagros ni señales para trascender, pero si podemos contar al mundo lo que hemos aprendido de Dios en la Biblia, lo que Él ha hecho para cambiar nuestros corazones y vidas, y del trabajo y servicio que hemos realizado en favor de su obra para que otros también vengan al conocimiento de la verdad. Mucho después de que hayamos muerto, nuestras palabras de enseñanza, consejo, orientación e incluso exhorto, llegarán a la mente de aquellos a quienes hemos testificado y puedan también ser el medio de llevar a otros a la fe del Señor Jesús y tomen para sí la promesa de vida.

¿Se ha puesto a pensar como seremos recordados por la familia o la congregación? Meditemos en las siguientes virtudes.

  • Servidor de Dios. Hablando del rey David, a muchos años de su muerte, el Apóstol Pablo dando testimonio de Él, dijo: «…habiendo servido en su edad a la voluntad de Dios», durmió, y fue juntado con sus padres». (Hechos 13:36). Como David, amemos al Señor y sirvámoslo en nuestra vida acorde a su voluntad, dejando un recuerdo y ejemplo de nuestro trabajo y esfuerzo por servir a los que nos sucederán.
  • Trabajo y servicio. Son un testimonio de aplicación actual las palabras que Pablo les escribió a los tesalonicenses, mientras daba gracias a Dios por «la obra de vuestra fe, y del trabajo de vuestro amor y de la tolerancia de la esperanza del Señor nuestro Jesucristo» (1 Tesalonicenses 1:1-3). En ese sentido, la iglesia actual sea identificada y será recordada.
  • Varón de oración y celo por la Iglesia. Así se expresó el Apóstol cuando menciona a un hombre llamado Epafras, no se sabía nada acerca de él, hasta que lo refiere como un siervo de Cristo, siempre solicito por vosotros en oraciones, para que estéis firmes, perfectos y cumplidos en todo lo que Dios quiere. (Colosenses 4:12 y 13). Solo era un siervo de Cristo que se preocupaba por el bienestar espiritual de la Iglesia en Colosas, y que hasta hoy se le recuerda y se le describe “esforzándose intensamente en sus oraciones” por la iglesia de esa ciudad.
  • Varón prudente. Cuatro veces en el libro 1° de Samuel, capitulo 18, el escritor nos dice que David “se portaba prudentemente” (vv. 5, 14, 15 y 30). De hecho, “David tenía más bendición que todos los siervos de Saúl, por lo cual se hizo de mucha estima su nombre” (v.30). La frase “mucha estima” sugiere un respeto no acostumbrado. David era honrado por todo el pueblo, y de manera más significativa, era muy respetado por los que estaban en la corte de Saúl.


En este tiempo y reflexionando en lo anterior, después de nuestra muerte, reitero la pregunta: ¿Cómo quisiera usted ser recordado? Como alguien quien en vida procuro siempre servir en la obra de nuestro Dios, por su gran amor hacia los demás, haciendo de la justicia y prudencia su guía. O como aquellos que son recordados y puestos como ejemplo por el Apóstol Judas:

Que solo se apacientan así mismos sin temor alguno: nubes sin agua, las cuales son llevadas de acá para allá de los vientos, arboles marchitos como en otoño, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados.

Judas v.12


Generación tras generación debe ser enseñada la doctrina de nuestro Señor Jesucristo, que va desde, la presentación de niños, la instrucción en su palabra que aplica también para los convertidos, el bautismo, la cena del Señor, la guarda de los mandamientos, manifestación del fruto del espíritu y el desarrollo de los dones, perseverancia y la esperanza de resurrección o transformación para vida eterna.

Por lo anterior, procuremos hacer algo hoy en favor de nuestras vidas dejando huella, y que resuene en las generaciones futuras y de frutos para lograr la eternidad. La enseñanza y buena práctica de la sana doctrina, qué sin duda, es ejemplo a seguir de quienes así lo hacen, sustentan un legado que salta para vida eterna.

Vivir para el señor Jesús deja un legado duradero. Esto subraya lo que la Epístola universal de Santiago decía dando razón de la vida:

Es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.

Santiago 4:14


Por tanto, es importante que saquemos el máximo provecho a nuestras oportunidades de honrar y de servir a nuestro Dios, de proclamar a nuestro señor Jesucristo como salvador, y obrar con justicia con los demás. Pidámosle a Dios que nos enseñe «a contar nuestros días» (Salmo 90:12) de manera que los vivamos con sabiduría y ejemplo para los demás.

Ministro Rubén Lira Luna


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