¿En qué Creemos?

¿En qué Creemos?

Nosotros creemos

Nuestros valores

Ser humilde es la mejor forma de andar como es digno de la vocación con que fuimos llamados. Vivir con humildad es tener siempre presente el temor de nuestro Dios, es tener la humildad de nuestro señor Jesucristo, de aquel que alguna vez nos dijo: “aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. Mateo 11:29.

Necesitamos humildad para caminar en obediencia, siempre sabidos que a los corazones humildes les es revelado los misterios de la salvación, el que se humillare será ensalzado, los animamos a vivir con humildad.

Abrir las puertas y entrara la gente justa guardadora de verdades. ¡Porque ya se nos ha declarado lo que es bueno! Ya se nos ha dicho lo que de nosotros espera el Señor: Practicar la justicia.

Practicar la justicia en nuestra vida diaria es hacer la voluntad de Dios conforme a lo que Él obra en nosotros, la justicia hace todo de la manera correcta. La gracia solo se manifiesta donde primero hay justicia, cuando la persona no acepta la justicia de Cristo, niega el don, la gracia no puede reinar, es un decreto divino. “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto.” Proverbios 4:18.

Hemos aprendido que, a la luz del evangelio de Jesús, que lo más importante es, además de conocer, temer, amar, alabar y servir a nuestro Dios por medio del Señor Jesucristo, es amar y ayudar al prójimo (pobre, necesitado, desamparado). No son los sanos los que necesitan médico sino los enfermos.  Pero vayan y aprendan lo que significa: “Lo que pido de ustedes es misericordia y no sacrificios”, decía Jesús. Mateo 9:13.

La palabra de Dios nos procura a ser piadosos y amar misericordia con los más necesitados, siempre sabidos de que las palabras de Jesús, de que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis. “Así habló Jehová de los ejércitos, diciendo: Juzgad conforme a la verdad, y haced misericordia y piedad cada cual con su hermano; no oprimáis a la viuda, al huérfano, al extranjero ni al pobre; ni ninguno piense mal en su corazón contra su hermano.” Zacarías 7:9-10.